
Fue el Estado, pero nosotros somos los sepultureros en este país de muertos, de fosas, miles de personas de desaparecidas, violadas, secuestradas, extorsionadas, de golpeados por las fuerzas del orden, de muertos de hambre mientras la opulencia de los gobernantes es exhibida por ellos mismos, con sus nóminas, sus gastos pagados, sus aviones, sus yates. Mientras tanto, nos van desollando, miramos cómo van desollando al vecino, como nos van desollando la cara, el cuerpo, el país.
Fue el Estado y el narco, pero nosotros seguiremos poniéndonos en sus manos, para terminar en alguna fosa o desaparecido. Les “perdornaremos” todo. Perdonaremos que nunca hay culpables, verdaderos culpables, tras las rejas, ni en el 68, ni en Aguas Blancas, ni en la guardería ABC, ni en Ayotzinapa, ni... nunca. Los perdonamos con nuestra omisión social.
Fue el Estado y seguirá siendo porque nos dejamos solos a nosotros mismos, como un gran pueblo violentado. Así, lo único que se puede garantizar es que la miseria nacional siga, que aumente. Que los casos aislados sigan siendo aislados, porque nosotros permitimos que el Estado los aisle, que el dolor de una familia, de otra y de miles se aíslen, se incomuniquen. Un país regado por la sangre de miles de casos aislados. Un país, panteón de casos aislados, que nosotros sepultamos, donde nosotros somos el ideal sepulturero del crimen de Estado.